viernes, 20 de marzo de 2009

en 16:11 Etiquetas: , Publicado por Cacao 5 comentarios




EL FIN DE LA PSIQUIATRÍA

La locura se puede definir, muy brevemente, como una regresión al abismo de la visión o, en otras palabras, al cuerpo humano que ésta gobierna. En efecto, la zona occipital, que regula el desarrollo de la visión controla, según mi hipótesis, el cerebro, y el cerebro controla todo el cuerpo. De ahí que sea tan importante lo que Lacan minimizaba como “ inconsciente escópico”, y esa mirada a la que el dicho psicoanalista apodara “objeto a minúscula”. Por el contrario, la mirada es un infinito. Contiene imágenes en forma de alucinaciones que son lo que Jung llamara “arquetipos” y Rascowski “visión prenatal”. Ferenzi habló del inconsciente biológico: por muy increíble que parezca, ése está contenido en la mirada en forma de alucinaciones. La magia, el inconsciente antes de Freud, lo sabía: “Fons oculus fulgur”. Freud también decía que el inconsciente se crea a los cuatro o cinco años; en efecto, los niños padecen dichas alucinaciones de una forma natural: ahí el retorno infantil al totemismo, del que hablara también el fundador del psicoanálisis.

Pero el cuerpo humano, que, salvo para los niños, es un secreto, no contiene igualmente alucinaciones olfativas, aunque éstas no remitan a inconsciente metafísico o junguiano alguno de la especie o, en otras palabras, a su pasado, en el que los dioses están bajo la figura de totems, pues no en vano la palabra “zodiaco” significa en griego animales. Dioses estos, pues, corporales, hijos del Sol y de la Tierra.

He aquí, por con siguente, que el cuerpo contiene la locura y como el único cuerpo entero que existe es el cuerpo infantil, es por tal motivo que la esquizofrenia tuvo por primer nombre “dementia praecox” o demencia traviesa. Respecto a la paranoia, su problemática es triple o, en otras palabras, quiero decir que existen tras tipos de paranoia pura; uno de los tipos de paranoia, cuyo síndrome es el delirio de autorreferencia, nos reenvía al problema de que el psiquismo animal es colectivo, y ése es el magma alquímico, en cuyo seno se hunde tal género de paranoico. El otro género de paranoico es el que proyecta su agresividad, con frecuencia, sobre su mujer en el delirio de los celos. El tercer género de paranoico es el que, según ya dijo Edwin Lemert, tiene realmente perseguidores. Ése es el acaso al que yo llamo el caso de Jacobo Petrovich Goliadkin (el protagonista de El doble de F. M. Dostoyewski). Es un sujeto con frecuencia deforme, enano o simplemente raro, o tan oscuro como Dreyfuss, que es víctima de agresiones, humillaciones y vejaciones por parte de sus amigos o compañeros de oficina –o, a veces, de un portero, o sencillamente de un camarero-, y que para dar sentido estético a su vivencia se inventa a los masones, o a la C.I.A., metáforas que reflejan a tan sombríos compañeros.

Las otras locuras son frecuentemente producto de la psiquiatría: tal es el caso de las alucinaciones auditivas, que no existen en estado natural alguno y que son producto de la persecución social o psiquiátrica, con sólo prestarnos la ayuda de su espejo. Pasemos ahora al caso de Dreyfuss; el caso Dreyfuss, en verdad, fue, como el mío, un caso muy extraño. Ni yo ni él entendimos el origen de la persecución; su naturaleza, sin embargo, o su mecanismo puede definirse como el efecto “bola de nieve”: se empieza por una pequeña injusticia y se sigue por otra y por otra más aún hasta llegar a la injusticia mayor, la muerte. O bien como en el lynch empieza uno y continúan todos. Así, yo he sido la diversión de España durante mucho tiempo y, a la menor tentativa de defenderme, encontraba la muerte, primero en Palma de Mallorca en forma de una navaja y, luego, en el manicomio del Alonso Vega (Madrid) en forma de una jeringa de estricnina; pero todo por un motivo muy oscuro, no sé si por mi obsesión por el proletariado, nacida en la cuna de la muerte, o bien, por miedo a que desvelara los secretos de un golpe de Estado en que fui utilizado como un muñeco, y en el que los militares tuvieron, primero, la cortesía de apodarme “Cervantes”, para llamarme después, en el juicio, “el escritorzuelo”. Pero no son sólo los militares los que me usaron; en España me ha usado hasta el portero para ganarse una lotería que de todos depende, porque el psiquismo animal es colectivo, y éste es el motivo de que el chivo expiatorio regale gratuitamente la suerte, en un sacrificio ritual en pleno siglo XX, en nombre de un dios que ya no brilla, sino que cae al suelo herido por las flechas de todos. Ese dios al que odian por una castidad que ha convertido al español en un mulo y en una mala bestia. Al parecer a toda España han rodeado amorosamente a la muerte entre sus brazos, y la prefieren al sexo y a la vida.

Que ella les dé al fin su último beso en la pradera célebre del uno de mayo.


Leopoldo María Panero

sábado, 21 de febrero de 2009

en 18:58 Etiquetas: Publicado por Cacao 0 comentarios


Hace poco más de un siglo de aquella tarde en la que aquel caminante solitario de las cimas nevadas de Sils-Maria platicaba con su sombra, y tras reconsiderar una vez más el enigma original de la tragedia como aquel mirador privilegiado donde aparece frente a los hombres su propio acontecer, proponía exultante: “Anticipémonos un siglo con la mirada, supongamos el caso de que tuviera éxito el atentado del arte contra dos milenios de antinaturaleza y denigración del hombre. Aquel nuevo partido que toma en sus manos la mayor de todas las tareas, cultivar la humanidad de cara a un estadio superior, incluida la aniquilación sin contemplaciones de todo lo degenerado y parasitario: si así fuera, habría hecho posible de nuevo aquel exceso de vida en la tierra que constituiría el punto de partida para el surgimiento del estado dionisiaco.”

Hay que aceptar, no sin horror trágico, que cumplido el siglo de tan entrañable suposición premonitoria, lo que ha sucedido es casi exactamente lo contrario. El atentado del arte a favor de aquel exceso de vida dionisiaco ha fracasado y ha triunfado el atentado contra la soberanía espiritual del arte convertido en mercancía. No fue aniquilada la degeneración, ni extirpado lo parasitario. En cambio, la destrucción del mundo ya no es sólo una metáfora; apenas se sobrevive a la superproducción industrial de basura. Este ha sido el siglo de la desintegración, no sólo del átomo, sino de todo lo que es. La realidad es devorada por la virtualidad y la persona es engullida par la masa. La humanidad no fue elevada por el arte a un estadio superior. Lo humano languidece en la miseria de un sin sentido.

Por aquellos mismos días, hace cien años, posiblemente otra tarde semejante a la de Nietzsche en los Alpes, oculto en una cabaña perdida entre las nieves inconmensurables de Finlandia, Stanislavski meditaba ante el incierto porvenir del arte y se preguntaba por esa extraña relación entre la vida y el teatro; concentrado en el eje de su propia condición artística se proponía también encontrar un punto de partida que orientara el futuro de lo que se empeñaba en formular como arte del actor, y más precisamente se preguntaba por los impulsos inconscientes de la creatividad actoral. Y tal vez a nosotros, después de estos cien años, nos convendría pensar que en realidad, ambos de modo diverso pensaban en lo mismo.

Porque aquellos que según esa manera incesante de preguntar se plantean: cómo hago yo mis pensamientos y qué hacen de mí mis pensamientos, se convierten irremisiblemente en dramaturgos del pensamiento, tanto como en pensadores de ese devenir humano que todavía llamamos teatro y que es un incesante pensar ese enigma que todavía llamamos acontecer humano. Porque quien reflexiona sobre la condición del actor, en realidad reflexiona sobre la condición humana en un sentido radical: el del ser humano en tanto persona. Lo que es ya decir peligroso en estos tiempos difíciles para la subjetividad.

Como el atrevimiento de una mirada que se asoma más allá del velo multicolor del arte hacia el horrendo abismo de la vida, es el enigma que vincula el concepto sobre el actor al concepto del hombre como persona. Y más que ninguna otra cosa, a la flecha cruel con que Apolo pierde a los hombres en el equívoco, se parece el vuelo de la pregunta que atraviesa la más responsable historia de la reflexión sobre el teatro: ¿Qué hace aquel que actúa en la escena que lo hace llegar a ser aquel otro que no era y que apenas es, un instante después deja serlo, cada vez?


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lunes, 9 de febrero de 2009

en 18:14 Etiquetas: , Publicado por Cacao 0 comentarios

miércoles, 4 de febrero de 2009

en 10:54 Etiquetas: , Publicado por Cacao 0 comentarios


Harold Pinter, actor y dramaturgo, representando el monólogo de Samuel Beckett "Krapp's Last Tape" en el Royal Court Theater en Londres.


El anciano se levantó dolorosamente al mismo tiempo que terminó la obra. El aplauso se fue constituyendo lentamente a partir de una sola palmada de manos hasta un tumulto. Harold Pinter, dramaturgo y actor, debilitado por los años y por la enfermedad, acababa de representar "Krapp's Last Tape" de su amigo y colega premio Nobel Samuel Beckett.

"Es más allá que actuar", dijo Gillian Hanna, una actriz de la audiencia en la parte alta del Royal Court's Jerwood Theater el martes por la noche. "Hay algo en reunirse en esta pieza particular y en esta actuación que me llevó a otro lado."

Ese lugar, dijo ella, con un desconsuelo que podía esperarse, fue "una estepa helada" o un apocalipsis.


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sábado, 24 de enero de 2009

en 18:22 Etiquetas: , Publicado por Cacao 1 comentarios




El compromiso político de Harold Pinter, su decidido antibelicismo, le ha cerrado puertas en la gran prensa británica. Es la historia de uno de sus poemas que aquí presentamos, junto con fragmentos de algunos de sus textos políticos recopilados en Various voices: Prose, poetry, politics (Grove Press, 1998). Un breve acercamiento a la obra del Premio Nobel de Literatura 2005 :

Futbol Americano (Una Reflexión sobre la Guerra del Golfo)

¡Aleluya!
Funciona.
Les sacamos la mierda.

Hicimos que la mierda se les
regresara por el culo
Y que saliera por sus jodidas orejas.

Funciona.
Los hicimos mierda.
¡Se sofocaron en su propia mierda!

¡Aleluya!
Alabado sea el Señor por todas las
cosas buenas.

Les sacamos la pinche mierda.
Se la están comiendo.

Alabado sea el Señor por todas las
cosas buenas.

Hicimos volar sus huevos en
fragmentos de polvo,
En fragmentos de pinche polvo.

Lo logramos.

Ahora quiero que te acerques y me
beses en la boca.

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jueves, 15 de enero de 2009

en 9:13 Etiquetas: , Publicado por Cacao 0 comentarios

sábado, 10 de enero de 2009

en 10:43 Etiquetas: , Publicado por Cacao 0 comentarios



CRÍTICA: TEATRO
La España de Valle-Inclán

MIGUEL ÁNGEL VILLENA

El itinerario del poeta ciego Max Estrella a través de una noche del Madrid de los años veinte se halla entre los viajes más brillantes de la historia del teatro español. No en vano el personaje principal de Luces de bohemia, de Ramón María del Valle-Inclán, una de las piezas literarias más importantes del siglo XX español, se ha convertido en un símbolo, un raro privilegio sólo al alcance de muy pocos.

Paradigma del intelectual menospreciado en un país inculto, mezquino y desagradecido, Max Estrella vagabundea por las calles de la capital en busca de algo de dinero mientras se topa con escritores vanidosos, obreros condenados a muerte por negarse a ir a la guerra de Marruecos, policías corruptos, ministros cínicos, periodistas cobardes y sumisos, prostitutas desquiciadas e incluso compañeros de juerga sin escrúpulos...

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